Del G7 a economías pequeñas. Cada uno arranca con su situación real: dinero, población y fuerzas armadas.
Tú asumes el país. El resto reacciona.
Sovereign World Order es un juego de estrategia en el que gobiernas una nación: economía, relaciones exteriores y opinión pública, todo a la vez. Son 196 países en el mapa, y todos reaccionan a lo que haces.
Lo básico
Del petróleo y el mineral a la manufactura. Es lo que tu país produce, importa y negocia.
Tocas un impuesto y se mueve la inflación, que mueve el desempleo, que mueve tu aprobación. Nada ocurre aislado.
El mundo no hace trampa contigo. Si salió mal, fue consecuencia de una decisión: tuya o de otro país.
Dos meses de diferencia
Junio y agosto, las mismas pantallas.
El juego está en desarrollo activo. Estas son las mismas pantallas con dos meses de diferencia, y tres que no existían en junio.
Pantalla inicial
De un menú sobre una imagen al globo real, con los 196 países dibujados y la lista de campaña encima.
El mapa en juego
De un mapa de colores a un puesto de mando: aprobación, caja, PIB, inflación, deuda y tensión global en un solo encuadre.
Nuevo en agosto
Imágenes de versiones en desarrollo. Muchas cosas cambiarán antes del lanzamiento.
Lo que decides
Cuatro problemas que nunca quedan resueltos.
El dinero
Subir impuestos financia el hospital y quema tu popularidad. Recortar gasto cuadra las cuentas y enfurece a quien dependía de él. Emitir dinero resuelve hoy y te cobra en inflación después. No hay salida limpia.
Tu palabra
El primer día firmas un programa de gobierno: cerrar el déficit, anclar los precios, acelerar el crecimiento. Cada año el país audita lo que prometiste, con los números reales. Si cumples, ganas crédito político. Si fallas, tu rival sube al estrado con tu propio discurso en la mano.
Los demás países
Una sanción hunde la economía del rival, y la tuya si él te abastece. Una alianza te protege y te ata. Un acuerdo comercial abre mercado y expone tu industria. Cada movimiento mueve otros.
Tu propia gente
Ministros con intereses propios, un Congreso que negocia voto a voto y una prensa que ya escribió el titular de mañana. La aprobación no es un marcador decorativo: si cae lo suficiente, pierdes el cargo a mitad de partida.
La idea
Difícil, pero nunca injusto.
No hay pantalla de "ganaste". Puedes gobernar cien años si quieres, y el país cambia contigo. Pero nunca se vuelve fácil: cada decisión que importa cuesta algo, del primer año al último.
Novedades
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